
Nuestra amiga Carmen Vega, que suele
asistir a los oficios religiosos, ha vuelto a leer
los Evangelios. Vive sola, aunque le echan una mano
para hacer las exigentes labores de la casa. Cada
día pasea durante una hora y va a hacer la compra
a las tiendas del barrio de toda la vida, la panadería,
la pescadería, los ultramarinos... A sus 81 años,
Carmen es una mujer muy activa, a quien diagnosticaron
degeneración macular y paulatinamente se vio obligada
a dejar de usar su visión tanto como ella quisiera.
Su entorno familiar le ha animado siempre a que tomara
una posición activa ante su limitación visual, y en
todo momento han estado a su lado apoyándola. Aunque
Carmen se llegó a sentir un poco desesperanzada por
esta limitación, su familia siempre le ha animado
a seguir adelante y a explorar todas las alternativas
posibles para volver a usar su visión, lo que ha sido
decisivo para poder haber retomado las actividades
diarias que hoy realiza.
Carmen Vega vino a Baja Visión Ángel Barañano con
ciertas reticencias, pero nada más empezar su rehabilitación
descubrió con alegría que podía volver a hacer algo
que no había hecho en un año y medio: leer.
Aceptar su patología, y trabajar para rehabilitar
su visión ha sido un gran avance para la autonomía
de Carmen, ya que ahora lee al menos una hora diaria.
Se ha equipado con una telelupa Pocket Viewer, y tras
las sesiones de rehabilitación necesarias para coger
soltura en su uso, ahora la emplea con regularidad
para sus tareas cotidianas.
Acaba de terminar la rehabilitación y todavía no
se atreve a coger un libro, pero tal como nos ha comentado
su hija Isabel, una de las “culpables” de que Carmen
se haya animado a rehabilitar su Baja Visión junto
con toda su familia, ahora lee perfectamente su correspondencia,
la programación de televisión, la sinopsis de las
películas... Isabel cree que es cuestión de tiempo
y confianza que se atreva con un libro.
Carmen sabe que el entrenamiento es muy importante,
y sigue haciendo ejercicios para potenciar su visión.
Su familia sigue apoyándola y animándola a seguir
adelante. Carmen, que había perdido la fe en poder
volver a leer, ha conseguido por ella misma, con su
esfuerzo personal y constante, recorrer los Evangelios
siempre que quiere.