
Trinidad comenzó a sufrir los primeros
síntomas de DMAE (Degeneración Macular Asociada a
la Edad) a los 74 años. La lectura le resultaba muy
complicada, leía muy despacio y se cansaba en un periodo
muy corto de tiempo. Las letras las veía borrosas
y los ojos le lloraban.
Llegado a este punto, Trinidad acudió a su oftalmólogo
habitual en busca de explicaciones y soluciones. Después
de diferentes pruebas, Trinidad fue informada de que
quirúrgicamente su deficiencia no tenía solución.
La zona de su ojo donde se encuentra la sensibilidad
al detalle estaba dañada, por eso, las tareas que
requerían mayor agudeza visual le costaban un gran
esfuerzo.
El oftalmólogo conocía la existencia del mejor centro
especializado en Baja Visión y le refirió a él. Trinidad
fue informada de cómo funcionaba este centro y de
la atención personalizada que se prestaba a cada paciente
y le resultó interesante, Por eso, decició acudir
a una revisión con el especialista en baja visión.
En su primera visita, su evaluación visual reveló
que la prescripción de unas lentes bifocales, un sistema
de iluminación de luz fría y unos filtros para protegerse
del sol le facilitarían su visión deteriorada a causa
de la degeneración macular.
Trinidad practicó durante unas sesiones con un rehabilitador
visual que le enseñó a sacar el máximo partido a las
ayudas prescritas solventando las dudas que la persona
acarreaba debido a su deficiencia visual.
Cada caso es un mundo distinto, de ahí que la atención
que recibe el paciente debe ser personalizada. En
este caso, a los seis meses de iniciar la rehabilitación,
Trinidad experimentó un pequeño empeoramiento en la
agudeza visual de su ojo sano. Ella ya sabía que existen
ayudas útiles para un mejor aprovechamiento de su
visión y que le permitan desenvolverse mejor en su
vida cotidiana, por lo que acudió de nuevo al centro,
donde le prescribieron unas gafas un poco más potentes
para poder leer cómodamente. Trinidad quedó encantada.
Hoy por hoy, Trinidad utiliza la ayuda a diario,
saca todo el partido que puede de ella y se siente
cómoda. Eso es lo más importante ya que disfruta de
las actividades que siempre ha realizado y sabe que
no tiene que resignarse a abandonarlas por su deficiencia
visual. Al mismo tiempo, sigue utilizando las gafas
bifocales junto a los filtros si sale a la calle.
Además, emplea una lupa manual con iluminación para
usar ocasionalmente de cerca y ver los mandos de los
electrodomésticos, entre otras tareas.